Los Angulo son tema de un documental dirigido por Crystal Moselle.
Durante 14 años los siete hermanos vivieron virtualmente aislados del mundo en un departamento en Nueva York.
Nunca asistieron al colegio, su madre los educó en la casa, y su padre -que tenía la única llave de la puerta del departamento- rara vez permitía que los seis varones salieran solos. La hermana y la madre jamás salieron de la casa.
Para pasar el tiempo, los seis hermanos Angulo se volcaron al cine, hacia la colección de videos de su padre.
Mirando películas una y otra vez, memorizando los diálogos y recreando los personajes de sus cintas favoritas de Hollywood, formaron su visión de un mundo que rara vez habían visto.
"Creo que la intención de nuestro padre era protegernos de los peligros y el crimen que él veía en el mundo exterior. Y nunca nos alentaron a comunicarnos con la sociedad", le cuenta Mukunda Angulo a la BBC.
"Creyó que podía hacerlo manteniéndonos aislados y apartados de cualquier interacción con el crimen y peligros que estaban ocurriendo en el exterior".
El peruano Oscar Angulo (en primer plano) conoció a Susanne en Machu Picchu, donde era guía de turistas.
Ahora el mundo ha conocido la increíble historia de los hermanos Angulo gracias a un documental que se estrenó a principios de año: "The Wolfpack", ("Manada de Lobos") dirigido por la estadounidense Crystal Mosselle.
Todo empezó en Machu Picchu
Los seis hermanos Angulo, cuyas edades van de los 16 a los 24 años son Bhagavan, Govinda y Narayana (que son gemelos), Mukunda, Krsna, Jagadisa, y la hermana mayor, Visnu -que según se ha dicho- sufre un trastorno genético que afecta el desarrollo.
Son hijos de Oscar, que nació en Perú, y Susanne. Ambos se conocieron en Machu Picchu cuando Susanne, una hippy estadounidense que viajaba por Sudamérica, se encontró con el peruano guía de turistas en la "Montaña Vieja".
En esa época Oscar era seguidor del krishnaismo y por eso todos los hijos tienen nombres sánscritos.
La pareja se estableció en el Lower East Side de Manhattan, Nueva York, en un edificio de viviendas de ayuda social.
Lo que se desprende del documental es que Oscar, que nunca trabajó "por razones filosóficas", pensaba que el mundo era potencialmente inseguro y prefería que su familia permaneciera aislada dentro del hogar.
El único ingreso que recibía la familia era la compensación que la ciudad de Nueva York le daba a Susanne por educar a los niños en la casa.
Dos mundos
"Nunca salimos en invierno. Ni en otoño. Ni en primavera", le dice Narayana a la BBC.
Sólo salían en verano. A veces hubo hasta nueve salidas al año. En otras ocasiones sólo una. Y hubo un año en que no salieron nunca.
Pero las salidas siempre eran bajo la estricta supervisión del padre.
"Para nosotros existía un mundo en el exterior y otro mundo, el de nuestro departamento", agrega el joven.
Los Angulo creaban los vestuarios y utilería para las películas que "producían".
El cine, sin embargo, fue la conexión que los mantuvo unidos al mundo. Y los hermanos se entretenían "produciendo" sus propias películas, copiando y memorizando diálogos y creando vestuarios y utilerías improvisadas.
"Las películas fueron nuestra ventana al mundo exterior" asegura Mukunda. "Fue una forma de mirar al mundo".
"Pero siempre estuvimos conscientes de la diferencia entre la realidad y la ficción".
Por ejemplo, "Reservoir Dogs" (Quentin Tarantino, 1992), era una "película perfecta" -dice Mukunda- porque había personajes para todos los hermanos.
El documental muestra la versión que hicieron de esta cinta: se les ve vestidos con trajes y corbatas negros, con anteojos de sol y empuñando pistolas hechas de cartón y cinta adhesiva.
"Sabemos que (esta película) es puro entretenimiento pero no puedes dejar de pensar que hay gente así (violenta) en el mundo real", afirma Mukunda.
"Es decir, las películas nos hicieron conscientes de lo que podía ocurrir en el mundo exterior".
Pero Mukunda asegura que en su casa también tenían acceso a los canales de noticieros en TV, "así que también estábamos conscientes de lo que estaba ocurriendo en la vida real y en la actualidad".
La norma
Cuando la BBC le pregunta a Narayana qué impacto tuvo esta forma de vida en su desarrollo, dice: "Cuando eres niño y estás creciendo, aceptas las cosas como son, aceptas tu vida como la norma".
"El mundo dentro de nuestro departamento era la norma. Pero fue cuando llegamos a la adolescencia cuando empezamos a darnos cuenta de nuestra situación", agrega.
The Wolfpack se estrenó en Nueva York en julio.
Tal como le contó a la BBC Crystal Moselle, la directora de The Wolfpack, llegó un momento en que los jóvenes se rebelaron y decidieron salir de su encierro.
Y en una de las primeras excursiones que hicieron solos al exterior conocieron fortuitamente a Crystal Moselle.
"Fue pura casualidad", dice la cineasta. "Un día estaba caminando en Manhattan cuando un niño pasó por mi lado corriendo entre la multitud. Trás él corría otro. Y después otro, y otro, y otro".
"Me dejé llevar por el instinto y corrí tras ellos".
Mukunda y Narayana Angulo visitaron los estudios de la BBC.
Moselle se acercó a conocerlos. Y durante los siguientes cuatro años se convirtieron en el tema de The Wolfpack.
"Lo que me llamó la atención fue lo increíblemente equilibrados que eran, lo inteligentes y bien educados. Me dijeron que todo se lo debían a su madre, que los había educado", dice Moselle.
"El día que los conocí Govinda me preguntó: '¿a qué te dedicas?'. Le respondí que era cineasta y me dijo muy serio: '¡Uy! a nosotros nos interesa entrar en la industria del cine'".
Moselle agrega: "Crecieron con una determinación en su vida. Así que una vez que salieron al mundo, sabían exactamente lo que querían hacer".
Una de las grandes preocupaciones de las mujeres es desarrollar mucha musculatura.
Los hay. No se trata de una guerra de géneros, pero hay ciertos errores en los gimnasios que son cometidos principalmente por las mujeres.
Los hombres también suelen equivocarse en sus rutinas de ejercicios y hay errores que afectan a todos por igual como los contamos en un artículo anterior.
Pero esta vez vamos a centrarnos en esas creencias o mitos que afectan más que nada a las mujeres y que se han expandido pese al esfuerzo de los preparadores físicos o entrenadores personales.
Se recomienda variar la rutina de ejercicios para obtener los mayores beneficios, además de llevar una dieta saludable.
Por eso es que surgen frases como "sólo quiero perder peso", "no busco tantos músculos" o "lo mejor son las clases de aeróbicos".
Misma rutina
Trabajar cada día los mismos grupos musculares no producirá un beneficio a largo plazo sino que puede llegar a ser contraproducente.
Muchas mujeres van al gimnasio para atender a una clase determinada de ejercicios -por lo general de aeróbicos- sin tener conciencia que en la variedad está el gusto, además de los beneficios.
Las sesiones de ejercicios dirigidos suelen atraer a un gran número de mujeres.
Y tan importante como el hacer ejercicio es el descanso para evitar la fatiga muscular.
"Siempre hacer una misma rutina produce un estancamiento a medio plazo", alertó Del Castillo.
Miedo a las pesas
"Las mujeres suelen incorporar el término tonificar cuando llegan al gimnasio para evitar hablar de pesas", comentó el preparador físico.
Las máquinas en los gimnasios son positivas siempre y cuando se complemente con trabajos de pesas.
"Esto se debe a que tienen miedo de crecer mucho muscularmente".
El hecho es que por hacer series de mancuernas o pesos libres una mujer no desarrollaría tantos músculos debido a su falta de testosterona, pero lograría mucho mejores resultados.
Una vez que se haya adaptado al uso de pesos se podrían agregar cargas más intensas sin peligro de que se vaya a producir un exceso de musculatura.
Obsesión abdominal
No ocurre sólo con la mujeres, pero tener un abdomen plano y definido suele estar como número uno en la lista de prioridades de ellas.
Es por eso que el mayor esfuerzo y tiempo en el gimnasio lo dedican a trabajar ese sector del cuerpo.
La mayoría de las personas cree que al hacer muchas repeticiones conseguirán los abdominales perfectos, algo que requiere de muchos otros factores.
El problema es que no por hacer muchas repeticiones se conseguirá el efecto deseado y es necesario incorporar otros ejercicios a la rutina para multiplicar los beneficios en el cuerpo.
"¡Nunca hay pérdida de grasa localizada!", recordó Del Castillo.
"Lo más importante es llevar una dieta hipocalórica. Hay un dicho que dice que 'los abdominales se hacen en la cocina, pero los glúteos se hacen en el gimnasio'".
Apariencia en lugar de rendimiento
No tener la ropa adecuada es otro de los errores que perjudican a las mujeres a la hora de hacer ejercicio.
Cada persona tiene características específicas por lo que necesita escoger con cuidado la mejor ropa para hacer ejercicios.
Cada una de las prendas escogidas influirá en el rendimiento y es importante no confundir vanidad con comodidad.
Aunque verse bien puede brindar un factor motivacional, no es lo primordial de la ropa deportiva y desde el calzado hasta la ropa interior deben de tener un propósito.
Un espejo masculino
Una mujer debe seguir su propio programa de ejercicios y no tratar de imitar a sus compañeros masculinos en un gimnasio.
Debido a su anatomía, las mujeres deben tener especial atención en algunos ejercicios para realizarlos de la manera correcta.
No es que haya ejercicios que sean exclusivos de un género, pero además de las evidentes diferencias naturales, hay algunos errores técnicos importantes en los que se debe prestar atención.
"Meter hacia dentro o sacar hacia afuera las rodillas, por ejemplo, en las sentadillas", dijo Del Castillo.
"Por debilidad del glúteo medio y por una anatomía con un fémur en rotación interna que las penaliza en su apoyo monopodal (a un solo pie)", señaló.
"También, por esta misma razón, y para controlar mejor el gesto, se recomienda que la zancada se realice hacia atrás, en vez de hacia adelante".
Lo más recomendable para evitar los errores resaltados arriba es establecer un programa de ejercicios específico junto a un preparador físico.
WhatsApp ha lanzado la rumoreada versión web, que permite utilizar la aplicación, por fin, desde un escritorio. La puedes ver aquí. Es un paso de gigante. De momento está disponible para usuarios de Android, Windows Phone y BlackBerry (nada de iOS de momento: este es el motivo). Sólo funciona, por cierto, con Google Chrome. Y la hemos probado.
Si todavía no puedes usarlo, tranquilo, la información se está replicando por los servidores. Jan Koum, CEO de la compañía, ha declarado en su perfil de Facebook lo siguiente:
Hoy, por primera vez, millones de vosotros tendréis la posibilidad de usar WhatsApp en vuestro navegador. El cliente web es simplemente una extensión del teléfono: tendréis las mismas conversaciones y mensajes que en el dispositivo móvil, lo que significa que permanecerán allí.
Para acceder solo tienes que escanear con el teléfono el código QR aquí para hacer la sincronización. Es necesario tener instalada la última versión de WhatsApp y que el dispositivo se mantenga conectado a una red de datos. Por ahora, no podemos habilitar el cliente web a usuario de iOS debido a restricciones de Apple con la plataforma.
Esperamos que les haya sido útil.
Para empezar a utilizarla, la web pide escanear con el móvil el código que aparece en la pantalla. De momento no la hemos podido probar a fondo, pero lo haremos muy pronto. [vía:WhatsApp Web]
WhatsApp fue comprada por Facebook por US$19.000 millones.
Con 700 millones de usuarios en el mundo, WhatsApp es la aplicación móvil de mensajes instantáneos más popular del mundo.
Muchos de esos usuarios están en América Latina, donde según ha dicho la empresa –que fue comprada por Facebook hace un año– está uno de sus principales mercados.
Ahora bien, muchos usan WhatsApp a diario: chatean, mandan mensajes de voz y audio y, cada vez más, comparten fotos.
Pero quizá se están perdiendo algo que puede mejorar la experiencia.
Acá tienen 10 herramientas o facetas o trucos que probablemente no sabían de WhatsApp.
(Encontrarán algunas palabras en inglés, porque WhatsApp no tiene versión en español).
1. Evita que sepan si leíste los mensajes
Deseleccione esta parte y ya nadie podrá saber si leyó los mensajes.
En noviembre, WhatsApp lanzó el doble tic azul, que indica que el recipiente leyó al texto enviado.
Muchos no están muy contentos con la nueva tecnología.
Para los usuarios de Android es fácil: hay que bajarse la versión Beta de la aplicación y entrar a Settings > Account > Privacy y deseleccionar la opción de "Read Receipts", que en español traduce "confirmaciones de lectura".
Para iPhone es más complicado.
Primero hay que hacer un jailbreak, un proceso que permite acceder al sistema operativo y descargar cosas que no están en la App Store.
Después, hay que bajarse una aplicacion, "WhatsApp receipt disabler by BigBoss", que permite desactivar los famosos y controversiales tics azules.
Bonus: cuando la opción está activada, uno puede saber la hora en la que el recipiente leyó el mensaje, oprimiendo el mensaje y moviendo el dedo a la derecha.
2. Envía archivos en otros formatos
WhatsApp es el servicio de mensajería instantánea más popular del mundo.
Se sabe que WhatsApp sólo permite enviar fotos, audio y video.
Pero con aplicaciones como Cloud Send en Android o MP3 Music Downloader en iPhone también se pueden mandar PDFs, APKs o documentos de Word.
3. Bloquea tu WhatsApp
Aunque los celulares tienen clave para bloquearlos, para algunos no es suficiente.
Así que aplicaciones como WhatsApp Lock permiten instalarle una clave.
4. Ten las notificaciones en tu computadora
Aplicaciones como Notifyr en iPhone y Desktop Notifications en Android permiten ver las notificaciones que llegan al celular en el Mac o el PC.
Usualmente es necesario instalar la aplicación en el celular y la extensión en el buscador que use en la computadora.
5. Instala los mensajes de WhatsApp en tu tableta Android
WhatsApp no quiere que uno baje la aplicación en una tableta, pero hay una opción.
En la tableta, debes bajar la última versión de WhatsApp, en el formato .apk, que se encuentra en el sitio web de WhatsApp, la versión de escritorio.
También debes bajar SRT AppGuard, una aplicación que blinda a la tableta de ser reconocida como una, bueno, tableta.
En SRT AppGuard, selecciona WhatsApp y presiona Monitor, lo que le permite a esa aplicación hacer una revisión de WhatsApp.
Cuando termina el monitoreo, baja y desactiva "read phone status" y "identity under Phone calls".
Después tienes que activar WhatsApp usando tu línea de teléfono local para que te llamen y te den el código de verificación de tres números.
Lo introduces en WhatsApp y quedó.
6. Evita que sepan cuándo te conectaste
Por si no le gusta que sepan si se metió a WhatsApp.
Otro truco para tener más privacidad: debajo del nombre en el chat, WhatsApp pone una frase en la que dice a qué hora fue la última vez que uno entró a la aplicación.
Para evitarlo, entre a Settings > Account > Privacy > Last Seen.
Ahí hay tres opciones: Everyone (todos), My contacts (mis contactos), Nobody (nadie).
Escoge.
7. Recupera conversaciones borradas
Quizá lo borraste por accidente. O te arrepentiste.
A veces el celular puede guardar la conversación en su memoria.
Pero si uno desinstala y vuelve a instalar el WhatsApp, en un momento le pregunta si quiere restaurar el historial de mensajes.
Di que sí y las tendrás de vuelta.
8. Evita que se bajen las fotos y los videos de manera automática
Si apaga todas estas ya no se le bajarán las fotos y videos automáticamente.
Una de las razones por las que más se gastan los datos, y que uno tenga que comprar más, es que las fotos y videos que llegan al WhatsApp se bajan solas. Y muchas de ella uno no las quiere ver.
Para evitarlo hay un truco fácil: Settings > Chat settings > Media auto-download.
Ahí te preguntan si quieres que se bajen sólo cuando estás conectado a wifi o nunca o siempre.
Escoge.
9. Ve tu estadística en WhatsApp
Es un dato curioso: el numero de mensajes que ha recibido y ha enviado.
Pero también es útil: si uno resetea las estadísticas, puede saber cuánto ha gastado en determinado tiempo, algo que ayuda a ahorrar internet.
Es simple: Settings > Account > Network Usage.
10. Esconde una imagen sobre otra
Sí, hay aplicaciones que permiten mandar dos fotos en una.
Llega una imagen y, una vez el remitente hace clic sobre ella, se ve la otra.
Magiapp en Android y FhumbApp en iPhone permiten hacer esto.
"Te voy a mandar violar para que te hagas mujercita", le decía su hermana.
Por aquel entonces Kattia Montenegro, una estudiante de 21 años de Arequipa, una ciudad del sur de Perú, no había hecho pública su orientación sexual.
Pero su hermana sabía que era lesbiana y le hacía la vida imposible, hasta tal punto de amenazarla con una violación "correctiva".
Practicar sexo con un hombre, "probar un buen varón", la "enderezaría", según ella.
Las mujeres homosexuales que se han visto sometidas a este tipo de prácticas con el objetivo de forzarlas a la heterosexualidad no se ven reflejadas en las encuestas sobre violencia en el país.
Pero los expertos, tanto del gobierno como de la sociedad civil, aseguran que no son casos aislados.
La práctica tiene "cierta recurrencia", dicen los expertos.
"Lamentablemente es una práctica que tiene cierta recurrencia", reconoce Margarita Díaz Picasso, la directora general de Igualdad de Género y No Discriminación del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables de Perú, a BBC Mundo.
Los casos "no están documentados, no es usual la denuncia, pero los he escuchado desde 2005", dice por su parte María Isabel Cedano, directora de la organización Estudio para la Defensa de Derechos de la Mujer (Demus), una activista con 25 años de experiencia, 10 de ellos en el ámbito del feminismo.
Y un estudio reciente del Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos y la Red Peruana TLGB, el Informe anual sobre los derechos humanos de personas transexuales, lesbianas, gays y bisexuales en el Perú 2014-2015, ha vuelto a poner el tema sobre la mesa.
"Quería 'curarme'"
El informe no habla de cifras, pero recoge testimonios y sitúa los casos en un contexto más amplio.
"Son el resultado de la violencia de un paraguas grande, del sistema de presión del patriarcado", remarca Maribel Reyes, la secretaria nacional de una de las organizaciones detrás del estudio, la Red Peruana TLGB, a BBC Mundo.
Una violencia que se manifiesta de diversas formas, desde insultos, pasando por la agresión física, hasta las amenazas de este tipo, aclara.
Estos ataques son el resultado de la violencia del sistema de presión del patriarcado, dice Maribel Reyes.
"El propio término, violación correctiva, ha nacido de ese enfoque de presión que dice que hay que castigar todo lo que se salga de la norma establecida: la mujer heterosexual y sumisa a la sombra de un hombre", prosigue.
Por eso, "no creo que los que someten a mujeres lesbianas a estos procesos crean que van a cambiar su orientación sexual, sino que lo hacen a modo de castigo".
Ese fue el castigo que le aplicaron a C., una mujer lesbiana cuyo testimonio incluye, junto con otros, el informe de Promsex y la Red Peruana TLGB.
Estaba sola en casa, en su habitación, cuando llegó un amigo de la familia. Alguien "a quien tratábamos como si fuera un pariente y (al que) le tenía confianza", cuenta.
La puerta estaba abierta, así que entró y la forzó.
"Quería 'curarme' a la fuerza. Lo entendía así, pues me decía que no estaba bien 'ser como eres' y que 'una mujer que llora por otra, no es correcto'".
A la joven peruana C. la forzó un conocido de la familia para "curarla".
No quiso saber nada más de él y trató de olvidar.
Pero "en febrero se materializaron todos mis miedos: estaba embarazada".
Un caso similar es descrito por Marxy Condori, del Movimiento Lesbia de Arequipa en el libro Hey, soy gay.
La activista cuenta que una amiga lesbiana fue violada por su tío "para hacerla mujer".
"La mamá le decía que no denunciara porque era su tío. Y nosotros le decíamos que si no denunciaba podía volver a pasar, que su familia no podría presionarla".
Violencia del entorno familiar
Como en el de estas víctimas, en la mayoría de los casos este tipo de violencia suele provenir del entorno familiar o cercano, dice el informe.
Quería 'curarme' a la fuerza. Lo entendí así, pues me decía que no estaba bien 'ser como eres'"
C., lesbiana
Getty
Así lo señala también otra investigación, Estado de violencia: diagnóstico de la situación de las personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, intersexuales y queer en la Lima metropolitana, circunscrita a la capital peruana y publicada por el colectivo No Tengo Miedo en 2014.
De acuerdo a ésta, de cada diez lesbianas 4,3 han sufrido violencia familiar.
"En el caso de las lesbianas, el 22% de la violencia familiar es sistemática", señala el estudio.
Y "en el 75% de los casos de violencia familiar se utiliza la heterosexualidad obligatoria como mecanismo de control", añade.
"Para corregirla y/o curarla, se utiliza el control emocional, económico e incluso la amenaza de violencia sexual y muerte (...)".
A Shalym, cuando su madre se enteró de que era lesbiana y salía con una chica le quitó el celular, le prohibió usar las redes sociales y no le dejaba salir.
Mi familia se opuso un año entero (a la relación con otra chica). Me hicieron la vida imposible hasta que me botaron de casa"
Shalym (entonces 16 años)
Getty
"No podía ni ir al colegio. Estaba todo el día vigilada", cuenta en el sitio web del colectivo.
No la amenazaron con violarla, pero ejercieron sobre ella otro tipo de presión.
"Mi familia se opuso un año entero (a la relación). Me hicieron la vida miserable hasta que me botaron de casa", prosigue.
"Era menor de edad, pero me fui porque mi mamá me dijo que me mataría a mi y a mi novia".
Otras organizaciones del ramo advierten que los porcentajes del estudio de No Tengo Miedo son aproximaciones, y prefieren ser más cautas y no vertir cifras.
Pero en lo que sí concuerdan tanto unas como otras y los expertos consultados por BBC Mundo, es en que el hecho de que la violencia venga de un entorno conocido dificulta la denuncia.
Las prácticas tienen el objetivo de cambiar la orientación sexual de la víctima o simplemente castigarla por su "rebeldía", dicen los activistas.
"Y es eso lo que hace difícil la visibilización de los casos", señala Reyes.
A juicio
No es el caso de Montenegro.
"La primera vez que mi hermana me amenazó con mandarme a violar me asusté", cuenta por teléfono a BBC Mundo.
Cuando lo hizo por segunda vez decidió hablarles a sus padres de su orientación sexual y del acoso de su hermana.
Pero las amenazas no cesaron, ni los insultos, ni las agresiones.
"Así que decidí denunciarla".
Montenegro acudió a un Centro de Emergencia Mujer, un servicio público y gratuito que brinta orientación legal, defensa judicial y consejería psicológica a víctimas de violencia familiar y sexual.
"Allí me entendieron y se comprometieron con el caso, sobre todo la abogada Rocío Cateriano, quien me apoyó cuando mi hermana me seguía amenazando para que desistiera de denunciarla", cuenta.
"La policía y los médicos también me atendieron bien. Tuve suerte, me encontré con gente muy competente", reconoce.
El proceso duró un año.
Montenegro terminó ganando el juicio y su hermana fue obligada a someterse a un tratamiento psicológico y a compensar económicamente a la víctima.
"Para entonces ya era activista (LGTBI) y eso me dio la capacidad para denunciar. Sabía qué hacer, dónde acudir".
Ser activista le ayudó a Montenegro a denunciar.
Pero no es lo más común, insisten las expertas consultadas por BBC Mundo.
"No todas las víctimas están empoderadas", subraya Reyes.
Y quien encuentra el valor para hacerlo, no siempre se encuentra con los profesionales que gestionaron el caso de Montenegro.
"Una periodista de radio lesbiana fue violada durante un encuentro de comunicadores de la macroregión norte", recuerda Cedano.
"Se trata de un caso muy grave, pues salió embarazada", se lamenta.
"Y aunque quiso denunciar, en el hotel en el que ocurrió el ataque, en la comisaría, en el centro de salud en el que la atendieron, nadie le hizo caso. Ni siquiera le dieron el anticonceptivo de emergencia. No le hicieron exámenes para descartar VIH o enfermedades de transmisión sexual. Tampoco le ofrecieron atención de salud mental".
"Inacción del Estado"
Ante esto, el informe también señala al gobierno y su responsabilidad para con esta realidad.
Mi hermana me amenazaba con que me mandaría a violar para que me hiciera mujercita"
Kattia Montenegro (entonces 21 años)
Getty
Y es que Perú no cuenta con una política nacional contra la discriminación por la orientación sexual y la identidad de género.
Ni tampoco tiene tipificados los crímenes de odio hacia la población LGTBI, aunque ha habido iniciativas parlamentarias para cambiar esa realidad y organizaciones como Amnistía Internacional llevan años luchando para ello.
El congresista Carlos Bruce (Perú Posible), también corredactor de la iniciativa de ley sobre la unión civil, presentó en 2009 el Proyecto de Ley Contra los Crímenes de Odio.
En 2013 volvió a plantear el borrador, modificado y sin el término "crímenes de odio".
Pero cuando finalmente se aprobó la Ley Contra Acciones Criminales Originadas por Motivos de Discriminación, el congresista denunció que había sido recortada y que excluía a la comunidad LGTBI.
Perú no reconoce los crímenes de odio por orientación sexual o identidad de género.
"Como Estado estamos trabajando con la diversidad en general y teniendo en cuenta el eje LGTBI. Además, estamos a las puertas de que se apruebe unos lineamientos de violencia", responde a esto Olga Bardales, del Programa Nacional contra la Violencia Familiar y Sexual, del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables.
"Es una obligación para el Estado trabajar con la población vulnerable, pero es un proceso".
E insiste en que para eso necesitan la ayuda de la sociedad civil, las organizaciones feministas, LGTBI, y las que luchan contra la violencia familiar y sexual, las que a falta de estadísticas se han encargado hasta ahora de recopilar testimonios.
En esa línea, Picasso, la directora general de Igualdad de Género y No Discriminación, insiste en que recoger datos y sistematizar las vivencias de las víctimas es una prioridad.
Y para ello están diseñando un protocolo para atender casos de violencia hacia lesbianas y resto de miembros de la comunidad LGTBI.
Sudáfrica, India, Zimbabwe
Perú no es el único país en el que se habla de las violaciones "correctivas".
Sudáfrica es donde han sonado con más fuerza estos casos.
En julio de 2007 la pareja lésbica Sizakele Sigasa y Salome Massooa fueron violadas y asesinadas.
Como consecuencia, varios grupos defensores de los derechos humanos crearon la campaña 07/07/07, para reclamar el fin de los crímenes de odio contra la población LGTB.
Lindeka Stulo fue víctima de una "violación correctiva" en Sudáfrica.
Pero el caso que tuvo mayor notoriedad y puso a estas violaciones en el punto de mira internacional fue el ataque a Eudy Simelane, exjugadora del equipo nacional de fútbol, activista y una de las primeras mujeres en vivir abiertamente como lesbiana en Kwa Thema, en el nordeste del país.
Simelane fue violada brutalmente por un grupo de hombres antes de ser apuñalada 25 veces en la cara, el pecho y las piernas.
Ocurrió en abril de 2009, pero ya un año antes Triangle, una organización sudafricana defensora de los derechos de los homosexuales, había revelado que un 86% de las mujeres lesbianas negras vivían con miedo a una agresión sexual.
E informó de que se ocupaba de hasta de 10 nuevos casos de violación "correctiva" cada semana.
Clínicas para "curar" en Ecuador
También se han reportado casos en Zimbabwe e India, entre otros países.
Y en 2012 en Ecuador clausuraron varias clínicas para "curar" homosexuales, en las que la violación era uno de los métodos empleados.
Son varios los países en los que se han reportado violaciones mal llamadas "correctivas".
Cuando tenía 23 años, en 2007, Paola Concha fue ingresada a la fuerza en uno de estos centros, ubicada en los suburbios de Quito.
Durante los 18 meses en los que permaneció en él, fue sometida a todo tipo de vejaciones: la esposaron, encerraron sin comida durante días, la obligaron a vestirse como hombre y la violaron.
En Perú no hay datos, pero sí testimonios de víctimas que dejan patente la gravedad de la cuestión.
"En este país conservador es un tema muy poco o nada explorado, pero sí es un problema social vigente y urgente", sentencia Montenegro, una de ellas.